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lunes, 23 de junio de 2014

Cuentos ecuatorianos de terror.

Saludos.
Este es un espacio para compartir con ustedes todo hallazgo literario.

Los cuentos y relatos de terror cautivan por su esencia: la presencia de lo sobrenatural.

A continuación un enlace en el que hay varios de estos relatos.



Sobre los demonios de nuestro folklore

Alejo Carpentier afirmó en su momento que la historia de América Latina no es sino una gran crónica de lo real maravilloso. Y es que para este narrador y crítico cubano, lo real maravilloso se distingue del realismo mágico en cuanto a que éste implica fantasía sumada a la realidad -o la posible realidad-; lo real maravilloso en cambio, es ese mundo sobrecogedor, de matices sobrenaturales que está en el paisaje mismo, en la cultura.
Nuestro país forma parte de este escenario de.lo real maravilloso. Comparto algunas leyendas recogidas por Rodolfo Pérez Pimentel. Espero que sirvan como un puente para situarse en la orilla de la lectura por placer.

"DEMONIOS DE NUESTRO FOLKLORE
Cuando en las oscuras noches de nuestro litoral algún cristiano oye un silbido ululante, siente que los nervios se le crispan y pronuncia entre aterrado y confuso: "El Tin - Tin"; nombre mágico y poderoso que recuerda la figura traviesa de un enanito cabezón, gnomo encantado de los bosques, cuya particularidad consiste en atraer a las mujeres pelonas y cejonas y envolverlas en una especie de trance hipnótico, secuestrándolas hasta lo más profundo de las arboledas, en donde abusa carnalmente de ellas. El hijo que nace de esta unión es con el correr de los años un verdadero diablo con las mujeres, a las que enredará con mil artimañas, así como su padre el Tin - Tin supo atraer a su progenitora.
Esa es, en síntesis, la cándida historia que conocemos y que cualquier montubio y cholo costeño cree a pie juntillas, sin dudar de su autenticidad. El Tin - Tin es en nuestro folklor una figura casi familiar, y tan antigua como nuestra historia; sus orígenes más remotos se proyectan desde mucho antes de la conquista, cuando existía en la isla Puna una elevada cultura, enemiga irreconciliable de los tumbencinos a los que combatía incansablemente.
EL TIN - TIN
Por una ley histórica los dioses de las religiones vencidas pasan a ser demonios en las religiones vencedoras y por este motivo, cuando los sacerdotes españoles iniciaron la aculturización de los indios ecuatorianos, sometiéndolo al régimen de las Encomiendas para explotarlos y enseñarles los rudimentos de la civilización europea, tuvieron mucho cuidado en hacerles olvidar sus antiguas divinidades, llegando a extremos como el de quemar sus quipos, destruir los templos y castigar duramente a quienes seguían adorando ídolos. Uno de los más considerados por los naturales de Puna era el murciélago noctámbulo llamado TIN (que en lengua china significa DIOS) que tenía por costumbre seducir mujeres casadas de la tribu, cuando estaban dormidas, entregándoles el don de la fecundidad. Tin - Tin, significa Dios de dioses o el Dios Mayor de todos los demás, por ser el de la procreación.
Para los crédulos naturales, esa simple explicación solucionaba el complicado problema de la concepción de un ser humano y nadie dudaba que TIN fuera el responsable de cada nacimiento. Había que invocarlo con ceremonias y ritos especiales hoy olvidados, para que el matrimonio fuera premiado por el dios con numerosas visitas y otros tantos hijos.
No nos debe sorprender en lo absoluto que estas gentes hayan imaginado que el Murciélago, que lo representaban muy estilizado en sus cuentas de adorno con figuras zoomorfas, fuese el espíritu de vida nueva en la tribu; porque los europeos recién a principios de este siglo – con la ayuda del microscopio electrónico - pudieron descubrir el complicado mecanismo de la concepción, que se efectúa en el interior del cuerpo de la madre luego de la unión con el sexo opuesto.
Para los Punáes, que poco conocían de anatomía y de algo tan complejo como la existencia del óvulo y el espermatozoide y su imprescindible papel en la concepción, el hecho de que una pareja tuviera intimidad , no estaba relacionado con el fenómeno consecuente, es decir, con el nuevo ser. Esos dos momentos en la vida matrimonial de una pareja no estaban entrelazados íntimamente dentro de la simple imagen de la vida que poseían nuestros aborígenes. Ellos creían que una cosa era tener relaciones y otra muy distinta la visita del dios Murciélago, que traía aparejado un nuevo ser al que se denominaba hijo de la pareja, pero que en realidad era de la divinidad: del TIN, origen y continuación de la especie.
DE DIOS A DEMONIO POR CULPA DE ESPAÑA
En Puna el dios Tin era sumamente popular y no podía ser de otra manera, a todos nos agrada tener hijos que nos atiendan en nuestra vejez; además era un mandato social proporcionar a la tribu nuevos miembros que la robustezcan haciéndola crecer. Por eso el dios - Murciélago era bienvenido en todos los hogares y nadie se resistía a su visita ni se consideraba signo de vergüenza que las mujeres, en sueños siempre, fueran poseídas por tan peregrina criatura, mamífero nocturno que aparece a la caída del Sol y vuela con sorprendente agilidad, silbando al pasar por los aires debido al continuado aleteo con que se impulsa.
En la conquista las cosas empezaron a cambiar para el pobre Tin, tan querido antaño y empezado a ser odiado hogaño, por representar un falso concepto de la vida, tan opuesto al que se importó de la península ibérica y que enseña que los hijos son un don preciado de Dios, pero no del dios TIN de Puna sino del Dios de la Trinidad cristiana. Había que exterminar al Tin indígena y así se hizo, primero con paciente labor y luego violentamente.
Su figura desapareció de los altares cuando éstos fueron destruidos, mas su recuerdo siguió gravitando en los naturales y se ha transmitido de generación en generación a través de cuatro siglos, no como Dios sino como Demonio. (1).
Por estas razones, queridas lectoras pelonas y cejonas, la próxima vez que vayan ustedes al campo y oigan un silbido ululante, no se asusten, que ya saben que no existe el Tin - Tin, viejo Dios — murciélago convertido en enanito cabezón y endemoniado. Pero no se fíen mucho del silbo porque de todas maneras pueden salir embarazadas si se dejan seducir por la melodía, pues detrás de ella puede estar acechando un pícaro cholo o montubio de nuestro litoral".

(Aparece en: http://www.ecuadorprofundo.com/tomos/tomo1/d2.htm)

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